Érase una vez una Wayuu sin manta...
- Aug 16, 2014
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Ella es profeta en su tierra....
Felicitaciones a nuestra amiga entrañable, la escritora Wayuu más reconocida a nivel mundial: Estercilia Simanca Pushaina creadora de la revolucionaria Casa Juliru una boutique localizada en Riohacha la capital del departamento de La Guajira en Colombia. Desde aquí, Estercilia, en compañía de su fiel amiga Pushaina Sawachi se ha dedicado a renovar de la manera más original, el atuendo de las mujeres Wayuu. Sus innovadoras colecciones han iniciado su vuelo como las mariposas monarcas, para llenar los rincones del universo con sus majestuosos colores. Compartimos hoy con las y los seguidores de nuestra "facebook fan page" las letras de nuestra querida y admirada Estercilia publicadas recientemente en el "Diario del Norte".
La ética en la moda étnica
Érase una vez una Wayuu sin manta...
Por: Estercilia Simanca Pushaina
Hermosa, definitivamente es una prenda hermosa, digamos que tiene un halo de misterio,
de enigma, de donaire. Su magnificencia se ve a partir de la doncella que ya no sale del
encierro, pero aún así sigue siendo bella. Ataviadas hasta los pies cruzamos avenidas en
las selvas de cemento, entramos a sesiones de organizaciones mundiales, corporaciones
nacionales o nos sentamos en un anden a vender mochilas, no importa nuestro roll,
siempre estamos vestidas de mantas. Con alegría celebro que mujeres no Wayuu la usen
para ocasiones especiales y representen con dignidad al departamento de La Guajira, el
que mujeres no indígenas usen la manta Wayuu ha hecho de esta prenda el símbolo de la
mujer guajira por excelencia. Celebro también que muchas jóvenes Wayuu la usen, como
un retorno a sus orígenes.
No obstante no dejo de sentirme celosa, prevenida cuando la usan para fines no tan
nobles, como el hacerse pasar por Wayuu persiguiendo beneficios ajenos, como una
beca, premios, contratos y proyecto en beneficios de la comunidad pero éstos (insisto)
no llegan. Cuando es así la manta se vuelve un instrumento y deja de ser un símbolo. Y
sí, lo confieso, me molesta, me dan celos, me vuelvo egoísta y quisiera decirle a quien
la usa para lucrarse que es una usurpadora, una utilitarista y que la manta no se usa para
beneficios propios. La manta además de vestirnos, nos da identidad, nos individualiza
del resto de las mujeres del mundo y nos hermana con otras culturas étnicas del desierto,
es un punto de referencia. No hay necesidad de hablar el otro idioma cuando una mujer
Marroquí, una India o una Emiratí te mira y con su mirada y sonrisa te lo dice todo, si
en algún aeropuerto, hotel o camino del mundo coincidimos, es en ese momento de
coincidencias culturales cuando lo mágico nace, así sea por unos segundos. Precisamente
por los contenidos culturales me molestan los fines pocos ortodoxos que algunas usan.
Para usar la manta no se necesita ser Wayuu, sólo ser una misma. La esencia es lo que
cuenta y los fines mucho más.
Mi fascinación por la manta nace desde la lectura de 100 años de soledad, cuando
la criatura más perturbadora del mundo... "No entendía por qué las mujeres se
complicaban la vida con corpiños y pollerines, de modo que se cosió un balandrán
de cañamazo que sencillamente se metía por la cabeza y resolvía sin más trámites el
problema del vestir” era ella Remedios, la bella. Gabo, logró hacer la descripción de
nuestro vestuario de una forma tan simple y a la vez elaborada para que ella hiciera parte
de las líneas de la novela inmortal. La manta tiene sus orígenes en África, ella llegó a
la Península de la misma forma como llegaron muchos elementos que hoy hacen parte del
inventario patrimonial del Pueblo Wayuu. Algunas versiones cuentan que las primeras
telas llegaban de Jamaica y eran intercambiadas por perlas en la zona de Bahía Honda
(Alta Guajira). Jamaica fue un puerto negrero y existieron jamaiquinos descendientes
de africanos que establecieron fuertes vínculos con los Wayuu tanto así que existió en
la Guajira Arriba un lugar llamado Jamaicamana, pienso que el lenguaje del desierto
es uno, establecer con precisión cómo llegó el patrón original de lo que hoy en día es la
manta es relativo, mi sustento es la tradición oral cuya fuente han sido las mujeres de
mi Pueblo. Siendo uno el idioma del desierto sólo nosotras podemos ir ataviadas de una
prenda que nos cubre hasta los pies y atravesar el desierto del territorio Wayuu lo mismo
que una Tuareg en el desierto del Sáhara, ya que la brisa constante forma una capa de aire
entre la piel y la tela que nos cubre. Sigue siendo el idioma del desierto uno, dan cuenta
las transformaciones que el caftan africano ha tenido los últimos 100 años, los ha tenido
también la manta sin que haya una comunicabilidad de circunstancias, es como si la tela
dirigiera los trazos de la tijera para poder aprehenderse en nuestros cuerpos. Hoy gracias
a las redes podemos ver la evolución que han tenido estas prendas hermanas o si se quiere
una hija legítima de la otra.
Manta: Caftan, túnica, manta, son diversos los nombres que recibe la prenda de vestir
de las mujeres del desierto. Aquí en Colombia y Venezuela esta hermosa prenda tiene su
primera referencia en el departamento de La Guajira, pero sin llegar a ser originaria de la
Península la manta es el símbolo de la mujer Wayuu y por excepción de la mujer guajira,
hoy es la prenda de vestir que se pasea hidalga en los eventos de mayor trascendencia en
el país.
Entonces tu que me lees te preguntarás: "Y las Wayuu que abusan de tu Pueblo?". Bueno,
ellas están muy bien gracias.
Próxima entrega "Del wayuco y otros dentales"































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